
Vaca Narvaja, manejando una copiosa información, pone de manifiesto no sólo los pormenores del crimen sino también las miserias de una sociedad bovina en la que pocos son trigo limpio. En este contexto, el asesinato de Nora Dalmasso aparece como un eslabón perdido de una cadena sujeta al pasado de muchos que se enriquecieron con el latrocinio de la dictadura militar y que siguen vinculados al poder político y a los negocios espúreos. Vaca Narvaja no da respiro y saca los trapos sucios y la pervivencia de gestos nacidos y naturalizados por la impunidad, desde la escandalosa ineptitud y corrupción de una policía y de una justicia tan serviles con los poderosos como rigurosas con los humildes, la ambición y la irresponsabilidad de los abogados, la insensibilidad del viudo y de sus hijos, el amarillismo de la prensa hasta la hipocresía y los prejuicios de una sociedad que consagra a los mediocres y a los pícaros como referencias de conducta. En definitiva, que el libro, que bien podría titularse anatomía de un crimen/radiografía de un país, parece llevar implícito el mensaje de que con tales mimbres es imposible crear un Estado con instituciones sanas.