martes, 1 de julio de 2008

SIN PENA EN LA PALABRA, Osvaldo Guevara


Osvaldo Guevara es uno de los mayores poetas hispanoamericanos, aunque su visceral timidez lo haya llevado a vivir a Villa Dolores, una pequeña ciudad cordobesa de Argentina. Su extraordinario dominio de la palabra y del arte de la versificación ha dado lugar a poemas de conmovedora belleza. En Sin pena en la palabra (Código Gráfico, 2007) vuelve a sus temas recurrentes, la ciudad, el amor, pero sin abandonar esa atenta vigilancia de todo cuanto sucede a su alrededor. A su inaugural Oda al sapo y cuatro sonetos, 1960 (Mi corazón cruza mi ser gritando./ Zumbo un fervor de sapo. Soy horrible. Soy único.), le siguen ese combativo y sublime La sangre en armas, 1962, la barroca Garganta en verde claro, 1964, y en 1967, acaso su libro más brillante, Los zapatos de asfalto, donde su poesía alcanza un registro que lo iguala a los grandes poetas hispanoamericanos, donde «esa zozobra, esa pasión, ese empecinamiento», como él afirma, de «transmitir su ser en el mundo» alcanzan el corazón de quien lo lee. Y así, adentrándose en el lenguaje, sujeto a sus sentimientos y a otros compromisos, el poeta alza el vuelo (Adónde ir con estas alas / que no se entienden con el viento) y ahora deja, a modo de otoñal soliloquio Sin pena en la palabra, acaso para renegar de tanto sufrimiento, propio y ajeno, que ha acusado su pecho. Ella y yo / ciertos días: / dos enfermos con sed / sobre la sal del mar/ en el fondo de un bote a la deriva, dice uno de sus poemas con el lamento, esperanzado aún, del náufrago que, después de todo, no está, no se siente, solo.

domingo, 29 de junio de 2008

LA CONSTANCIA DEL AGUA, Jorge de Arco

En la cultura judeocristiana, el agua es siempre metáfora de la vida. En Constancia del agua [La Garúa,2007], Jorge de Arco no sólo no renuncia a ese simbolismo sino que parece ir a buscarlo hasta las más hondas capas freáticas de la memoria colectiva, a esas «alfaguaras del alma humana». De este modo sus versos se convierten en cauces transparentes que fluyen con la apariencia de un meandro por el territorio de la pasión amorosa. El romanticismo que pudiera atribuírsele es sólo aparente. No hay aquí un trato sentimental con el yo, sino el relato de una experiencia vital que desborda ese yo merced a un depurado lenguaje poético.
Con el temblor que deja / el tacto del azúcar tras la lluvia temprana, / baña la luz tus ojos./ Madrid es una tarde que nos mira / disuelta en el café / velado y deseante que envuelve esta condena. La hondura y sutileza de estos versos ejemplifican la manera como el yo poético fluye por la memoria individual hasta disolverse en sensaciones y recuerdos que, indefectiblemente, desembocan en esa «condena», como un río desemboca en la mar. «Incluso cuando el cauce parece desbordado, dominado, portector o escurecido..., incluso en estos momentos de los poemas y de la vida que los ha suscitado, el agua asiste y da identidad y veracidad», apunta con acierto Enrique Badosa en el prólogo del libro.
Antes que romántico, por más que en algún epígrafe deje constancia de su deuda con Hölderlin, en la poesía de Jorge de Arco hay una filiación tácita a la poesía mística de Juan de la Cruz, por sólo citar a uno de los fundadores de esta tradición poética en lengua castellana. ¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, / aunque es de noche!, escribe el carmelita en Cantar del alma...mientras que el eco de Jorge de Arco dice: Agua es el hombre, / alma / que crece y que se extingue / como una lumbre rútila, / pero que fluye y duele / y en lo hondo parpadea /secreta y diluviante.

viernes, 20 de junio de 2008

AMORE LUDUM, Mario Satz

A mediados del siglo XIII, en el efervescente clima cultural de la Toledo que acogía a la Escuela de Traductores, las fuerzas del amor y del odio libran un duelo singular. Amore ludum (Huerga & Fierro Editores, 2008) es la historia de dos amantes que se reconocen en su común amor al saber. Judíos, árabes y cristianos conforman el alma de una ciudad abierta al conocimiento, pero atravesada por la insidia y la intolerancia.
Con una prosa exquisita, el poeta Mario Satz construye con brillantez un hermoso relato a partir de un pergamino que oculta un escrito profano de Ovidio sobre el amor. Una traductora, judía conversa, y un erudito, cristiano libertino, atraídos por esa fuerza poderosa del instinto y el espíritu que necesita de la libertad y del escenario gozoso de la naturaleza para realizarse, provocan la reacción de las fuerzas del poder.
Es este el momento histórico, cuando la lengua castellana es aún latín macarrónico, que un grupo de sabios de las tres culturas rescata y lega a las generaciones futuras la tradición griega y oriental no sin librar una lucha dramática con los esbirros de la intolerancia y el fanatismo religiosos.
Pero, aparte de la sugestiva recreación del ambiente cultural de aquella Toledo y de la intriga que genera el palimsesto de Amore ludum, la escritura poética de Mario Satz revela que, más allá del nombre que los hombres den a su dios, entre ellos prevalece el amor al prójimo y el deseo de saber como móvil civilizador.

miércoles, 4 de junio de 2008

44 Cuartetas, Osías Stutman

En estas 44 Cuartetas (Emboscall, 2008), Osías Stutman es más coherente con su yo poético que con su poesía. No puede afirmarse que haya aquí una ruptura con su obra anterior, pero sí un elegante cuestionamiento a algunos de sus anteriores recursos estilísticos que tendían a disimular la naturaleza esencialista de su poesía. La sencillez no enseña nada / pero sorprende con su presencia / en el texto. Sorprende por inesperada / y por que funciona como afectación, escribe el poeta. De espaldas a la intrusa, la fama, siempre fiel a su yo poético, Stutman verifica su sorpresa ante una vocación estilística que lo ha llevado a prescindir de toda afectación intelectual acercándolo, hasta el punto de atisbarla, a la ciudad de Engels, a ese mundo con «aire de familia». Un mundo que contiene el secreto, la verdad poética, cuya percepción parecía ocultársele detrás esos artificios dichos sin inocencia y que quizás compartía con aquella gente que escribe y que huele en la noche. Es por esto que Stutman se pregunta en la cuarteta 26: ¿Realzo o resisto ese género / que escribo, tan diferente / del otro que escriben / los que no escriben como yo? Pero no es una pregunta retórica, porque el poeta ahora tiene la certeza de que por fin escribe en esa lengua inexistente que entienden quienes han comprendido que sólo el secreto se aprende. Acierta Carlos Edmundo de Ory cuando en el prólogo afirma que estas 44 Cuartetas de Osías Stutman «suenan a música de pensamiento oral», pero por esto mismo van mucho más allá de meras «fragmentaciones de recuerdos y olvidos calidoscópicos». Estas cuartetas, por su radical decantación, son notas comprensibles -en la medida que la música lo es- que portan al lector los ecos de la perplejidad de un poeta que acaso ha llegado, como la ciudad de Engels, al principio de ese descampado .

miércoles, 21 de mayo de 2008

El caso de una sangre derramada, Alberto Tugues

En El caso de una sangre derramada [Emboscall, 2008), con epílogo de Valérie Tasso y escenas de Jorge de los Santos, Alberto Tugues propone una serie de relatos singulares acerca de esos recovecos del alma que se esconden en los pliegues de la realidad cotidiana. Como poeta Tugues tensa la escritura y la narración como si fuesen un poema y en no pocos casos consigue que lo sean. Las citas de Cervantes y Beckett que encabezan el libro ya dan fe de una toma de posición estética que las primeras líneas de La balada de un perro solitario definen un poco más: «Después de leer el final más triste de una historia, no importa ahora qué historia, pero cuyo final era el más triste, salió precipitadamente a la calle...». De este modo, y también en sus diversos recursos formales, Alberto Tugues rechaza la historia -el soporte argumental de la misma- pero no la oralidad para narrar lo que acontece en esa dimensión desde la cual el absurdo del mundo se hace patente. Como el Mersault de Camus o los personajes de Beckett, los personajes de Tugues son seres extraños, excrescencias de la rutina y la alienación; seres tocados por un halo del misterio que ellos ignoran para no sentirse al margen de cualquier realidad, aunque eso suponga la más radical de las soledades [«Vivía solo. Con un pájaro amarillo. Comía, dormía solo, y no quería ver a nadie. Tampoco nadie le quería.» se lee en el arranque de Una vida breve] hasta que la incapacidad para comunicarse o comprender el entorno se les hace insoportable. Es así como algunos empiezan por despedirse una y otra vez, una y otra vez, se avergüenzan con antelación por la tristeza y el desorden del día de su muerte o viven más de un centenar de veces la misma historia, derramando su sangre en cada instante sin acabar de morirse nunca. Sin comprender ni ser comprendidos.

martes, 6 de mayo de 2008

Páginas del Cancionero, Ausiàs March


Durante mucho tiempo de mi vida de estudiante de literatura en Argentina tuve a Garcilaso de la Vega como el mayor de los poetas hispanos que inauguraron el Renacimiento siguiendo la estela de la tradición itálica de Dante y Petrarca. Sin embargo, ignoraba al verdadero artífice que había hecho posible un salto cualitativo tan importante en la historia de nuestra poesía lírica. Fue en ese momento que mi profesora de «literatura española» me hizo leer a Ausiàs March y todo se me hizo más claro y luminoso. March era el poeta que al modo de Dante utilizaba su propia lengua -el catalán en su caso- para romper no sólo con la hegemonía poética del occitano, sino para sentar las bases de una lírica dotada de una nueva musicalidad y de recursos expresivos más eficaces para conseguir un verso sin artificios ni ornamentos. Una poesía seca y despojada que alumbraba mi incipiente concepción de la escritura y mi preocupación por la economía y la síntesis.

El «descubrimiento» me llenó de un entusiasta deseo de leer a Ausiàs March en su ambiente y lengua originales. Cambié el obsesivo sueño de los poetas argentinos de visitar París, por el de pasar una temporada en Valencia, desde donde también me llamaba el fantasma de Joanot Martorell, cuya hermana, por cierto, fue la esposa de Ausiàs. Quiso la brutalidad militar, que en lugar de Valencia fuese a parar primero a París y después a Barcelona, pero no me olvidé de mi sueño. En 1978, Alfaguara publicó una edición bilingüe, con selección y traducción de Pere Gimferrer e introducción de Joaquim Molas que he mimado hasta que en 2004 Pre-textos dio a imprenta una edición bilingüe de Páginas del Cancionero a cargo de Constanzo Di Girolamo, autor asimismo de la introducción y de las notas, con la soberbia traducción al castellano del poeta José María Micó, quien bien sabe de mi devoción por Ausiàs March.

jueves, 3 de abril de 2008

George Steiner, Gramáticas de la creación


Con la sensibilidad y la lucidez de quien es realmente sabio, George Steiner trata en su Gramáticas de la creación (Siruela, 2001, trad. Andoni Alonso / Carmen Galán Rodríguez), sobre los impulsos y resonancias que sacuden el alma del artista en el momento de la [re] creación. Desde Dante y Cervantes hasta Paul Celan y W.H. Auden, y desde Goethe a Kafka, entre otros, son para Steiner referencias canónicas que permiten constatar la naturaleza de la creación artística y sus misteriosos mecanismos vinculados a la lengua, ese territorio donde es «arrojada nuestra existencia, nuestra conciencia del yo», como recurso para alcanzar la Verdad. Pero como en el «corazón de la forma se encuentra una tristeza, una huella de la pérdida», el artista busca trascender, dar un «paso más allá» del lenguaje «irreparablemente mancillado y vaciado por la inhumanidad política y la circulación del mercado de masas».

No sin dolor, George Steiner advierte del fracaso de la creatividad humana en su propósito más hondo, pues al estar «enraizada en el lenguaje, se resiste a un esclarecimiento desde su interior. No se puede saltar sobre su propia sombra. ¿Es posible hacerlo con la poesía?», se pregunta con ánimo de esperanza. Gramáticas de la creación es un libro cuya lectura recomiendo expresamente a quienes deseam iniciarse en la creación artística -poética, narrativa, plástica, etc.-. Este libro les enseñará a no confundir la meta primordial con el éxito; y a que, si bien «la palabra necesita alguien que la escuche», la función del creador es encontrar la luz.

domingo, 23 de marzo de 2008

LA CARRETERA

La carretera, de Cormac McCarthy (Círculo de Lectores, 2007, trad. Luis Murillo Fort), es una bella y desgarradora descripción de la soledad existencial. La vigorosa prosa de McCarthy, a pesar de ciertos ripios y arritmias sintácticas atribuibles a la traducción, sostiene de principio a fin la tensión de una narración que reduce el argumento a la ceniza misma que cubre el planeta por donde vagan los protagonistas.
La desesperada lucha por la supervivencia de un padre y su hijo camino a la esperanza da un paso más en el terrible absurdo de la existencia humana, como la prefiguraron Melville, Kafka y Musil, entre otros, aunque su estilo lo aproxime a Faulkner. Cormac McCarthy demuestra con talento hasta donde puede llegar la novela contemporánea sacudiéndose los cánones del realismo novocentista, a los que sigue atada la mayoría de los narradores actuales.

La carretera es una novela que, como Moby Dick, sitúa al ser humano ante las consecuencias devastadoras del mal, cuando el absurdo y la estupidez dominan su conducta. Quizás el único pero que me atrevería a señalar en esta obra maestra es su final. Acaso una concesión para su futura adaptación al cine, en cuyo guión ya trabaja el músico australiano Nick Cave.

lunes, 10 de marzo de 2008

DETRÁS DE LA BOCA

En Detrás de la boca (Siruela,2007), Menchu Gutiérrez convierte la boca en un personaje para connotar la palabra como un ente orgánico capaz de revelar la naturaleza primaria de la condición humana. El lenguaje oral aparece a través de su escritura como un eco de la carne que se pierde en la oscuridad. En la noche de esa boca cósmica, donde el silencio no es la ausencia del sonido, sino el monstruo que, en el laberinto de cuerdas vocales, engendra la palabra. Una palabra nada inocente, pues en su fugaz existencia, deja en el mundo la vida, pero también la huella de lo indecible. La sintaxis de la tortura, de la angustia que atribula y destruye el alma humana.

sábado, 1 de marzo de 2008

LA EXPERIENCIA ABISAL


La experiencia abisal, de José Ángel Valente (Galaxia Gutenberg, 2004), es una colección de ensayos literarios en los que el poeta reflexiona sobre la obra de quienes, como Zubiri, Miguel de Molinos, Celan. Jàbes, Vallejo o Motaigne, entre otros, se adentraron en el abismo original de la palabra. La sensibilidad y erudición de este hombre que cultivó una poesía existencial se pone de manifiesto en el modo de aproximarse a los otros; en el modo de adentrarse en el laberinto de ecos que se pierden. Quiero decir, en su disposición, para reconocer el territorio «de lo poético», donde «la palabra se libera y nos libera», pues la palabra esencial, dice, «nos llama hacia su interioridad, que está formada por el infinito depósito de la memoria y de los tiempos».