miércoles, 6 de abril de 2011

UNA MÚSICA ANTERIOR, José Di Marco

Una música anterior (Ediciones Recovecos, Argentina, 2010), de José Di Marco es un bello poemario que consolida la personalidad de un poeta, cuya obra nació cuando los coletazos del terror aún golpeaban el alma civil de los argentinos.

José Di Marco, nacido en 1966, en Río Cuarto (Argentina), fue uno de los integrantes de Poetas del Aire, grupo de jóvenes poetas que se dieron a conocer en 1992 a través de pequeñas plaquetas que distribuían gratuitamente por las calles de la ciudad. Junto a los suyos, estas plaquetas incluían poemas de grandes maestros y, en apretadas líneas, sucintas biografías de los mismos. Con ello declaraban, quizás inconscientemente, su vínculo con lo mejor de la tradición poética hispanoamericana y, en lo más próximo, se propósito de establecer un respetuoso puente con la generación anterior casi aniquilada por la dictadura militar (1976-1982). 
Sin embargo, en ninguno de ellos (José Di Marco, Marcelo Faggiano, Ernesto San Millán, etc.) había seguidismo de tendencias o modas ni tampoco constituían una misma voz. En aquel momento, cuando editaban el periódico La mosca muerta, dos de ellos brillaban especialmente: Ernesto San Millán y José Di Marco. Este último ha consolidado sin vedetismos su autoridad poética con generosidad y rigor.
Junto a Pablo Dema, Di Marco dirige una pequeña editorial cooperativa -Cartografías- que en pocos años se ha convertido en un sólido proyecto en proceso de profesionalización que, sin pretender competir con el núcleo poético de Buenos Aires, apunta a convertirse en una entidad referencial de la poesía y la narrativa del interior y con ello ofrecer una panorámica más real de la actividad literaria de Argentina.
Di Marco no es, por tanto, un poeta encerrado en su torre de marfil, sino sensible a la vida y a la angustia existencial que subyuga a los individuos. Si ya en Mundo sublunar (Cartografías, 2007) afrontaba un «diálogo entre el alma y el cosmos», en Una música anterior, José Di Marco ese diálogo se asienta en el lenguaje, en el conocimiento preciso de sus matices sonoros, para sondear el alma y su alma atrapada en una retícula de «tragedia y entusiasmo». Su poética se monta en ese mismo lenguaje que a veces se convierte en «piedra ciega» cuando las cosas reclaman «su nombre propio» y obliga al poeta a descreer y situarse «a la altura del zócalo / para darse una visión del mundo». La visión del mundo del poeta Di Marco no pide ni hace concesiones y en esa instancia de extremo rigor su poesía resulta ser una nota descarnada que ya vibraba en el espacio, en el mundo, desde mucho antes, acaso desde el origen, y que al oírla la fija en el pentagrama. En el poema.


Conecta con el Canal de [re] lecturas

miércoles, 12 de enero de 2011

MIGUEL DE CERVANTES, El Quijote

1ª edición castellana
1ª edición gallega
  
La lectura de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, constituye una de las experiencias más gratificantes para cualquier espíritu sensible. Esto no debe tomarse como una frase hecha, como un tópico sobre esta obra gigantesca de la literatura universal, sino como la más cabal expresión de una realidad poética.

El Quijote es, no obstante su reconocimiento, una obra menos leída de lo que muchos dicen. Ni siquiera en los tan populares talleres ni escuelas de escritura figura en sus planes, cuando si su lectura es importante para cualquier persona, mucho más lo es para los aspirantes a escritores, quienes se enfrentarán a propuestas y registros técnicos que fundamentan toda la narrativa moderna, además de una de las más soberbias indagaciones sobre el carácter de los comportamientos sociales e individuales y la naturaleza del alma humana. Más allá de la escenificación de un loco arremetiendo contra los molinos de vientos basta pensar en el comportamiento del personaje en diferentes episodios para tener una pauta conmovedora de la originalidad y densidad de la obra. Uno de los méritos fundamentales del libro de Cervantes es haber dotado a su protagonista de una brillante armadura ética admirablemente resuelta al final del libro, cuando don Quijote empieza deslocarse y diluirse «como humo en el viento» para vivir eternamente en el imaginario como paladín de la justicia mientra deja el trance de la muerte al hombre de carne que es don Alonso Quijano.
Por esto y otros muchísimos factores, la [re] lectura de El Quijote sigue siendo valiosa para el crecimiento individual en tiempos tan o más revueltos que le tocó vivir a don Miguel de Cervantes. Por este motivo, es loable la iniciativa de la Biblioteca Nacional de colgar en la red un Quijote interactivo al que se puede acceder con gran facilidad.

miércoles, 5 de enero de 2011

W.B. YEATS, La escalera de caracol y otros poemas



William Butler Yeats (1865-1939) es uno de los mayores poetas del siglo XX, entre cuyas obras del período que él llamó de su «segunda pubertad» ocupa un lugar relevante La escalera de caracol y otros poemas (Linteo, 2009, trad. Antonio Linares Familiar), libro del que, además, conviene destacar las magníficas edición y traducción a la lengua castellana.

A Yeats se le puede considerar uno de los padres de la moderna poesía anglosajona. Él fue uno de quienes, siguiendo la estela de los simbolistas franceses, rompió con el encorsetamiento formal de la poesía inglesa tradicional incorporando a su poderoso verso tanto el aliento de la épica y el tono sagrado de raíces gaélicas como un ardiente y apasionado intimismo.
Desde sus primeras realizaciones, la poesía fue para Yeats un vehículo de búsqueda de una identidad en la que confrontaban las realidades nacionales inglesa e irlandesa y al mismo tiempo la fuerza física, en concreto la sexual, y la capacidad creativa. Tal actitud lo lleva a trascender el imaginario cultural católico-protestante de su entorno social y asomarse a la tradición del mundo celta vestido con el hábito de una lengua madura y moderna que le permitan describir «la furia y el fango de las venas humanas», como escribió en Bizancio. 
En La escalera de caracol y otros poemas, el alto registro poético de W.B.Yeats se traduce en versos desnudos que alumbran elementos esenciales que alcanzan su valor simbólico no como una fabulación intelectual sino como una exaltación de los sentidos. Convencido de la íntima comunión entre la palabra y el cuerpo humano, el poeta había recurrido por esos años a un afamado médico inglés para que le practicara una operación quirúrgica que le devolviera su potencia sexual. Tras ésta, relata Richard Ellmann, escribió al médico una carta en la que le decía que estaba viviendo «una segunda pubertad», que le permitía producir poemas que «estaban entre lo mejor que había escrito». Pero más allá de esta anécdota biográfica, lo importante es que Yeats hizo de este poema su hogar, desde el cual evocó en tono elegíaco a las hermanas Eva y Constance Gore-Booth y dialogó con su alma y con el tiempo. Un intento más de «llevar la realización de la belleza tan lejos como sea posible».

         Conecta el Canal de [re] Lecturas

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL ALMA DEL GUERRERO, Joseph Conrad



En El alma del guerrero y otros cuentos de oídas (Alianza Editorial, 1984, trad. Enrique Murillo), Joseph Conrad se adentra en los meandros del alma humana y saca a la luz, en un contexto marcado por la guerra, el honor y la lealtad como valores que preservan la conducta humana ante la brutalidad y la violencia.

El alma del guerrero es un cuento maestro que debería figurar entre las lecturas obligatorias de los aspirantes a escritores. Independientemente de su estructura, Conrad, siempre preocupado por trascender la anécdota y conferir a sus relatos un sentido moral, logra aquí llevar su impresionismo estilístico «a un estado de conciencia, como apunta Harold Bloom, en el que el narrador que ve está inevitablemente fundido con lo visto y lo narrado». Situado en el marco de la desastrosa invasión napoleónica a Rusia y la retirada de los soldados franceses acosados por el frío invernal y los ataques del ejército ruso («Entonces empezó la larga desbandada del Gran Ejército. Yo lo he visto avanzar en tropel, como una faltal estampida de demacrados y espectradoes pecadores, a lo largo del más profundo y helado...»), Joseph Conrad trae a colación el relato de una deuda de amistad entre dos oficiales, dos guerreros, de distinto bando. Pero es una deuda nacida de la generosidad de un hombre cuya conducta se rige por principios éticos y valores morales que le permiten ver y reconocer al prójimo, antes que a un enemigo. Al final «la justicia del mundo y el juicio de la humanidad» cayeron sobre el deudor, quien debió saldar la deuda contraída liberando el alma guerrera del otro «de un destino peor que la muerte: la pérdida de toda fe y todo valor».

Conecta Canal de [re]lecturas

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA LECCIÓN DE MÚSICA, Pascal Quignard



La lección de música (Editorial Funambulista, 2006, 2ª edic. Trad. Ascensión Cuesta), de Pascal Quignard, es una pequeña joya de la literatura francesa contemporánea. Su lectura lleva al lector a través de tres breves e intensos relatos al punto de confluencia de la voz y la música.

Pascal Quignard, uno de los más importantes escritores franceses vivos, se adentra en el lenguaje para alcanzar la íntima vibración que vincula el sonido de la música y el de la voz humana, como expresión sustancial de la vida en el mundo. Significativo en este sentido es el relato La última lección de música de Chang Lien, un maestro chino que vivió antes de Cristo, «en la época de las Primaveras y Otoños». Chang Lien tuvo como discípulo a Pu Ya, a quien llegó a destruir sus más preciados instrumentos para que aprendiera a escuchar con pasión y comprendiera que «el sonido de la música no rompe el silencio». Fue así como Pu Ya llegó a obtener con el tiempo el título de «Músico-Más-Grande-Del-Mundo».
Un joven macedonio desembarca en el puerto del Pireo es el relato de un episodio del adolescente Aristóteles, quien en la Academia platónica aprende, entre otras disciplinas, la historia de la tragedia y los secretos de la representación, cuyos símbolos los encuentra en el teatro, el escenario y la voz humana adulta, la voz mudada, la «voz del macho cabrío» enfrentado al sacrificio. 
Finalmente, aunque sea el primero de los relatos, Un episodio extraído de la vida de Marin Marais, un discípulo aventajado de Sainte-Colombe, a quien, después de haber sido rechazado por él, oye escondiéndose debajo de su cabaña para descubrir esos acordes que ningún maestro revela y que pueden llevarlo a obtener de la viola el «sonido de la voz perdida». Este episodio inspiró la película de Alain Carneau, Todas las mañanas del mundo, donde se oye al maestro rechazar al alumno diciéndole «usted no es músico, toca la música». Como Chang Lien a Pu Ya, Sainte Colombe enseña a Marin Marais que mientras carezca de corazón y de alma nunca llegará a saber qué es la música ni para qué existe. 
 La lección de música es una obra tan pequeña como iluminadora sobre la actitud que mueve al verdadero artista -músico, poeta, pintor- para alcanzar lo que persigue a través de su obra. En ello nada tienen que ver las ambiciones sociales o el afán de gloria sino la sinceridad con que sepa indagar en su alma y la honestidad con que revele lo que ha visto de ella. El arte, parecen decir los grandes maestros, nace de la experiencia del dolor.

domingo, 28 de noviembre de 2010

POESÍA SOLA, PURA PREMONICIÓN, Kepa Murua





Con Poesía sola, pura premonición (Ellago Ediciones Poesía, 2010), Kepa Murua se consolida como uno de los grandes poetas españoles contemporáneos. Su poesía cobra aquí un alto vuelo que es trasunto de su honda visión poética y de la reflexiva seriedad con que afronta su obra.

La experiencia universal del horror vivida en el curso del siglo XX y sus dramáticas secuelas -el terrorismo, las sangrientas dictaduras, la amenaza nuclear, etc.- han llevado el lenguaje hasta los mismos límites expresivos y obligado a los poetas a abismarse en el silencio o en la luz para dar sentido a la voz del mundo. Esto supone un soberbio esfuerzo del poeta, como en el caso de Kepa Murua en Poesía sola, pura premonición, por traducir al menos una chispa de lo que ha entrevisto en su «experiencia abisal», como la llamaba José Ángel Valente. Eso que para Murua es levantarse por un vaso de agua / y quedarme un rato a ver / lo que nadie ve en penumbra
Es así como, sustentado en un radical lenguaje poético, el poeta traspasa el ecuador y entra en el negro hemisferio de la vida a oscuras, donde la memoria hesita ante la acción erosionadora del tiempo y la esperanza no sueña con un mundo mejor. El miedo, el terror -vulgar como la palabra a gritos- paraliza la vida aunque el hombre, condenado a la soledad y a la ignorancia existenciales, cierre las ventanas a la desesperación. No hay respuestas para él. Sólo inmovilidad. Vacío. Nada que lo salve de las palabras sinsentido, de las emociones sin amor.
Pero, a pesar de este fragor trágico, el poeta confía en su vocación como depositario y mensajero de una verdad que se le niega al hombre. Digamos que concibo la luz -escribe Kepa Murua- como una cueva donde descansa el sonido / y la oración del poeta arde / como el amor en un recinto fortificado.



Foto de Kepa Murua, de Fernando Blanco. Vídeo En el lugar, de K.Murua producido por Canal de Poesía de A.T.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

NAFSAK, Navarro Beloqui

Nafsak (Amargord Ediciones, 2010), de Navarro Beloqui, es un breve, intenso y sustancial libro acerca del sentimiento amoroso en estado de pasión y desgarro. En su conjunto es un poema fragmentado en reflejos de un sentimiento que es a su vez una herida inevitable entre polos que se atraen y repelen.

La red y los talleres literarios han generado una extraordinaria inflación de escritores, cuentistas, microcuentistas y poetas. Esto hace muy difícil identificar a quienes realmente merecen ser titulares de tales oficios. Sin embargo, a veces es posible tal identificación, como es el caso de Navarro Beloqui. Su Nafsak descubre a un poeta preocupado por alcanzar el corazón de las palabras para que ellas sostengan de modo diáfano la calidad del verso y, sobre todo, su sentido. La voz no pide sino paga / rescate, al menos, / el salvamento de los muebles; que no lleguen a ceniza, escribe N.B.
El motivo central de Nafsak es el sentimiento amoroso entendido como tránsito entre pasión y vacío, enlace y desenlace, como alimento del sueño acaso de felicidad, acaso de placer, acaso de ambas cosas a la vez. Subvertida en un sueño famélico de amor, / el maremoto triste de la luna / que avanza o retrasa la esperanza de las olas / es tu aliado, dice un poema de N.B. en el que la subversión no sólo se enuncia sino que se produce también en la metáfora cuando en ese "sueño famélico" las mareas de la esperanza quedan a merced del magnetismo de la luna.
Para Navarro Beloqui las palabras son la sustancia que trama la realidad. Caen las sílabas de tu faz a la vez que todos tus dientes. / Caen palabras infinitas, llenas de nada ilimitada. Es decir que la realidad es también nada, cuando las palabras son tocadas por el vacío que deja la extinción, en este caso, del sentimiento amoroso. Quizás este es el momento en que las palabras se manifiestan como nudos mudos en el corazón de los amantes, Balbucea tu pecho / palabras que no salen. 
Nafsak de Navarro Beloqui es un bello libro que participa de una corriente poética que deja atrás ese realismo, social o emocional, que tanto lastra la poesía española.

lunes, 8 de noviembre de 2010

NO SUFRIR COMPAÑÍA, Ramón Andrés


El silencio constituye un elemento esencial para recobrar el sentido original de las palabras tanto en su uso cotidiano como en su utilización poética. En No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio (Acantilado, 2010), Ramón Andrés aborda con sensibilidad y erudición la importancia del silencio en la mística occidental y su influencia en la corporización de una corriente poética que llega hasta el presente.

En una época en que el lenguaje sirve de instrumento para construir las falacias de los regímenes totalitarios y ocultar las mezquindades políticas de las democracias parlamentarias y los oscuros propósitos del poder económico, la apelación al silencio y el conocimiento de su tradición aparecen como recursos necesarios para reencontrar, de ser posible, el sentido original de las palabras. Ramón Andrés ha reunido en No sufrir compañía los escritos fundamentales de la mística occidental sobre el silencio. 
En un soberbio prólogo, cuya naturaleza poética se fija desde su primera frase -«Hay un silencio que procede del desacuerdo con el mundo, y otro silencio que es el mundo mismo»- Ramón Andrés sitúa al lector ante el fenómeno del silencio, esa «intuición de un más allá del lenguaje», y ante la búsqueda del mismo emprendida por los místicos españoles del siglo XV al XVII. Entre García Jiménez de Cisneros y Miguel de Molinos y las figuras sobresalientes de Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, Ramón Andrés trae a colación otros nombres y escritos no menos importantes que siguen alimentando una tradición que pareció desaparecer en el siglo XVIII sepultada por las prácticas realistas y didácticas consagradas por el naturalismo del siglo XIX y hoy vigentes gracias al ruido mercadotécnico. La experiencia abisal, según expresión de José Ángel Valente, que constituyó un camino de aproximación a dios para los místicos, en la actualidad se presenta como esencial para devolver al lenguaje su energía original y salvarlo de la degradación que convierte la realidad en un atroz sinsentido.

lunes, 25 de octubre de 2010

EL ELOGIO DE LA SOMBRA, Junichiro Tanizaki

En El Elogio de la sombra (Siruela, 2010, trad. del francés de Julia Escobar), Tanizaki confronta la luz y la sombra como agentes recreadores de la belleza. Una confrontación que revela las diferentes actitudes de las tradiciones culturales de Oriente y Occidente.

Con un estilo de depurada sencillez y contenido tono poético,  Junichiro Tanizaki abre a los ojos occidentales la riqueza de recursos de la sombra para exaltar la belleza y las emociones de quienes tienen la educada sensibilidad para apreciarla. Así como para los occidentales la luz expone lo bello para su observación, para los orientales, como lo ponen de manifiesto las construcciones de viviendas, palacios y monasterios y las creaciones plásticas, en particular las acuarelas, son los matices y las modulaciones de la sombra los que transmiten las sensaciones de lo bello. De aquí que la belleza sea para los orientales antes que visual exacerbadamente emocional. 
En relación a los sombríos retretes japoneses, Tanizaki narra con cierto humor que «después de haber atravesado para llegar una galería cubierta, agachado en la penumbra, bañado por la suave luz de los shoji y absorto en tus ensoñaciones, al contemplar el espectáculo del jardín que se despliega desde la ventana, experimentas una emoción imposible de describir [...] Aun a riesgo de repetirme, añadiré que cierto matiz de penumbra, una absoluta limpieza y un silencio tal que el zumbido de un mosquito pueda lastimar el oído son también indispensables. [...] Colocado (el retrete) bajo una luz cruda, entre cuatro paredes más bien blancas, se perderá toda gana de entregarse a la famosa "satisfacción de tipo fisiológico" del maestro Soseki.»
Tanizaki sostiene que la belleza de las lacas japonesas se aprecia mejor cuando la luz es incierta. «La oscuridad es la condición indispensable para apreciar la belleza de una laca». Pero la belleza no siempre nace de la sombra. A veces surge de la mugre acumulada, ese «brillo producido por la suciedad de las manos. Los chinos tienen una palabra para ello, "el lustre de la mano", los japoneses dicen "el desgaste"; el contacto de las manos durante un largo uso, su frote, aplicado siempre en los mismos lugares, produce con el tiempo una impregnación grasienta [...] Contrariamente a los occidentales que se esfuerzan por eliminar radicalmente todo lo que sea suciedad, los extremo-orientales la conservan valiosamente y tal cual, para convertirla en un ingrediente de lo bello.»

Junichiro Tanizaki

Junichiro Tanizaki (Tokio, 1886, Yugawara, 1965). Es uno de los grandes creadores de la moderna literatura japonesa, de quien ya he comentado El cuento de un hombre ciego y próximamente lo haré de una de sus novelas más bellas, El cortador de cañas.