martes, 31 de agosto de 2010

LA EMBOSCADA, Iván Humanes

Adentrarse en el bosque por senderos poco transitados es una labor ardua que exige coraje y mucha templanza. La emboscada (InÉditor, 2010), de Iván Humanes es la novela que narra la sombría aventura del hombre que se interna en la fronda para descubrir la oscuridad de su propio corazón.

Como los antiguos héroes que desafían las acechanzas del mal, la voz narradora de Humanes penetra en el bosque de «senderos que se bifurcan» y a cada paso consigue que el chapoteo en el barro y el crujido de las ramas se incorporen a una sinfonía de la oscuridad que suena como un eco de los miedos del protagonista. 
Aunque parte de premisas del género policíaco, Iván Humanes no tarda en poner en evidencia sus limitaciones y dinamitarlas a través de una escritura comprometida con el personaje y la narración, que revela la compleja realidad del alma humana.
La emboscada es una novela honesta que sitúa a su autor muy por encima de los representantes de la llamada «generación nocilla» y de aquellos que creen que la «escritura bloguera» es signo de modernidad. Hay aquí, independientemente de los prescindibles guiños y homenajes literarios, una propuesta literaria seria que hace vislumbrar a un autor de largo recorrido. Un autor que sabe que la amplitud del campo semántico de la prosa depende de la calidad de los recursos poéticos.

viernes, 16 de julio de 2010

LÍRICA DE UNA ATLÁNTIDA, Juan Ramón Jiménez


Lírica de una Atlántida (Galaxia Gutenberg / Círculo de los lectores, 1999), reúne la poesía de Juan Ramón Jiménez escrita entre 1936 y 1954, en una magnífica edición a cargo de Alfonso Alegre Heitzmann. La relectura de JRJ, a quien ciertos poetas principales de España trataron de ignorar, nos ayuda a dimensionar la distancia que existía (existe) entre la obra de uno y otros.

El compromiso de diálogo con el poeta Alfonso Alegre Heitzmann centrado en el poema Espacio confrontado a La tierra baldía, de T.S.Eliot, fue el detonante de una lectura que renovó la percepción del poderoso influjo ejercido por JRJ en la moderna poesía de habla castellana al rescatar su pasado más noble, en cuyo linaje figuran Quevedo, Góngora, pero sobre todo, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila y Miguel de Molinos pasados por el tamiz de los simbolistas franceses y el radicalismo propuesto a través del monólogo interior por James Joyce. Estos son algunos de los sustentos con que J.R.J. fragua un nuevo lenguaje poético que logra que el poema mismo sea la columna vertebral de la realidad del mundo que describe con ambición abarcadora, trascendente. 
En Espacio no hay asunto ni argumento sino voz que unifica con «embriaguez rapsódica», según Díaz-Canedo y conduce en «un oleaje verbal» (Sanchez Robayna) a la liturgia de la celebración de la vida, pues «los dioses no tuvieron más sustancia que la que yo tengo». Para Juan Ramón, el único dios, es el dios poético, la palabra, al que no busca sino que va a su encuentro disolviendo su yo en la sustancia, en el tiempo. «Mi mejor obra -dijo en una ocasión para justificar esa búsqueda- es mi constante arrepentimiento de mi Obra».

lunes, 5 de julio de 2010

LA TIERRA BALDÍA, T.S. Eliot

En 1922, el mismo año en que James Joyce publicaba su Ulises, Thomas Stearns Eliot daba a conocer su poema La tierra baldía (Cátedra, 3ª edic. 2009, edición bilingüe de Viorica Patea, trad. de José Luis Palomares), con el que se inauguraba en el mundo anglosajón el lenguaje poético de la modernidad.

La relectura de este poema que tanto me impresionó en mi adolescencia hasta el punto de ser uno de los pilares que forjaron mi propia voz me ha resultado gozosa. Especialmente gozosa porque ha sido confrontada con la lectura de Espacio, el poema fundacional de la modernidad hispano debido a la genialidad de Juan Ramón Jiménez, del cual ya escribiré en otra ocasión.
La tierra baldía sorprende al lector por una constante apelación al mito como memoria colectiva que atesora los valores fundamentales de la cultura y la civilización, en su caso europea, y al mismo tiempo lo desconcierta por una radical fragmentación del texto que busca plasmar, del mismo modo como lo hacía el cubismo en la pintura y la escultura, una realidad en disolución. Una realidad presa del caos, la violencia, el desorden y la corrupción irremediables. Sin embargo, en este erial, en esta tierra baldía que es el mundo, T.S.Eliot cree en la redención. Cree, como parecen significar los ritos cíclicos de la fertilidad, en la redención, en el renacer. Aunque abril sea el mes más cruel y en la hora violeta silben murciélagos con «cara de niño», en el alma persiste esa esperanza que propiciará el relámpago y, tras el trueno, que una ráfaga húmeda traiga la lluvia.
El carácter abarcador, no totalizador, de la realidad del mundo, que Eliot le da al poema con su atomización formal, los quiebres temporales y las mutaciones de los personajes hace que éste, acaso como reflejo de la figura de Tiresias, el adivino ciego de Tebas que llegó a saber que el placer más intenso del ser humano es el femenino porque fue mujer, se convierta en la metáfora de la unidad existencial. 

sábado, 12 de junio de 2010

UNA HEREDERA DE BARCELONA, Sergio Vila-Sanjuán

Desde La verdad del caso Savolta, de Eduardo Mendoza (Seix Barral, 1975) y, más recientemente, La última vuelta del perro, de Jorge Rodríguez (Magenta, 2007) -descarnado retrato de la Barcelona olímpica- no había leído una descripción tan vibrante y vital de esta ciudad como en Una heredera de Barcelona, de Sergio Vila-Sanjuán (Destino, 2010). 

Mediante un potente arranque narrativo próximo al thriller, Vila-Sanjuán pone al lector ante las puertas del laberinto social de la Barcelona de los años veinte, en la que se libra una violenta lucha de clases y de intereses personales, económicos y políticos. A partir de ese momento, el hilo de Ariadna que guía la lectura es la voz del abuelo del autor, parentesco que desaparece al convertirse Pablo Vilar, gracias a la fluidez narrativa,  en un personaje que se entrega al orden de la ficción para hacer más verosímil la narración de los hechos. 
«Pensamos que los viejos siempre han sido viejos, pero este episodio de los años formativos de mi abuelo me fascinó, tanto por lo que revelaba de su propio carácter como por la luz que proyectaba sobre ciertos ambientes de su tiempo: pero, sobre todo, por cierta ingenuidad animosa que trasmitía y que me resultó entrañable», afirma Sergio Vila-Sanjuán en el prólogo. Una de las virtudes de esta novela es que el autor hace de esta fascinación un mecanismo original para articular los hechos reales y los recursos novelísticos sin someterse a las leyes del argumento. Una línea argumental hubiese sido utilizar, por ejemplo, el caso de María Nilo como punto de partida de una investigación que al final revelara la oscura trama del poder. Pero aquí no existe tal linea argumental, sino la voz del joven abogado que a través de los casos que le tocan, de su posicionamiento social y político, de su vocación periodística y de sus relaciones personales construye un fresco vivo de un momento turbulento de la ciudad, cuyo trasunto metafórico es la heredera, esa bella, coqueta, inteligente y contradictoria Isabel Enrich. 
El epílogo, que no el final de la novela, reúne en los prolegómenos de la Guerra Civil a los personajes que, desde su inteligencia y sensibilidad han logrado establecer un vínculo afectivo que trasciende los prejuicios sociales y de clase, los fundamentalismos ideológicos y el sinsentido de la violencia. Ellos son, parece querer decir Sergio Vila-Sanjuán, los verdaderos protagonistas de la Historia.

domingo, 6 de junio de 2010

EL ETERNAUTA, H.G.Oesterheld / F. Solano López

Entre 1957 y 1959, apareció en la revista argentina Hora Cero la original historieta de ciencia ficción imaginada por Héctor G. Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López, titulada El Eternauta, de la que en noviembre de 2007 Norma Editorial hizo una edición especial para conmemorar su quincuagésimo aniversario, con eficaz prólogo de Carlos Trillo.

La aproximación actual a esta obra clásica del cómic, como se le dice en la jerga peninsular a lo que en Hispanoamérica llamamos historieta, supone para quienes la leímos en aquella época explicarnos la naturaleza de las emociones (y perturbaciones) que entonces nos provocó su lectura. Por primera vez, lugares que resultaban familiares eran el escenario de acontecimientos extraordinarios que, ingenuamente, creíamos que sólo sucedían en otros lugares lejanos y prestigiosos, generalmente anglosajones. Pero había algo más, la historieta, soportada en unos dibujos de gran calidad, cosa nada sorprendente dado que en Buenos Aires en ese momento se concentraban artistas extraordinarios, como el mismo Francisco Solano López, Alberto Breccia, Carlos Freixas, Arturo del Castillo y Hugo Pratt, entre otros, daba cuenta de un personaje (Juan Salvo), que en una Buenos Aires paralela había sido esposo y padre entrañable, se presenta en la casa del mismo guionista como viajero del tiempo y resistente de una terrible invasión extraterrestre que se manifiesta al principio con una nevada mortal. En ese momento, el carácter de la historieta como metáfora de la realidad política del país y la oscura amenaza que se cierne sobre él es apenas perceptible, pero revela la intuición artística de Oesterheld para narrar a modo de anticipación la tragedia que se avecinaba. De esta lectura que latía por debajo de la lectura directa de los acontecimientos narrados nacía la inquietud perturbadora que dejaba en el ánimo de los lectores las aventuras de El Eternauta.  Posteriormente, Oesterheld escribió una nueva versión en 1969 con dibujos de Breccia, con quien siete años antes había hecho Mort Cinder, y en 1976 El Eternauta II, de nuevo con Solano López, en los que el compromiso político se hizo más explicito hasta el punto de continuar los tramos finales de la historia en la clandestinidad. En 1977, el creador del Eternauta, miembro del grupo guerrillero Montoneros, fue secuestrado y, junto a sus cuatro hijas, hecho desaparecer por la dictadura militar que asoló Argentina entre 1976 y 1982. Estos hechos reales enriquecen conceptualmente El Eternauta, pero es en su concepción del mal, su amenaza y su horror, lo que le confiere la calidad de clásico.


A.Breccia y A. Tello por Alberto Breccia

jueves, 3 de junio de 2010

LITERATURA DEL EXILIO EN EL CONSULADO ARGENTINO


 El pasado 27 de mayo, el Consulado de la República Argentina inauguró la Sala Silvina Ocampo con un ciclo dedicado a poetas y narradores argentinos coordinado por el sicoanalista Alejandro Gómez-Franco. El cónsul adjunto, Andrés H. Mangiarotti, puso de manifiesto la intención de la legación consular de tener un contacto más fluido con la comunidad argentina y de operar como centro de promoción de artistas plásticos, escritores, poetas e intelectuales argentinos tanto residentes en Cataluña como de paso por Barcelona. 

Para iniciar el ciclo «Paseo de Gracia esq. Gran Vía» e inaugurar la Sala Silvina Ocampo fue distinguida mi obra narrativa y poética.  El poeta Carlos Vitale y Gómez-Franco, a quienes agradezco su generosidad de juicio, fueron los encargados de glosarla. Vitale dijo  en un pasaje de su exposición centrada en los libros de poemas «Sílabas de arena» y «Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias» que «Antonio Tello es un poeta que arriesga, que no se conforma. Me gusta pensar en él como un alpinista. Tello escala una montaña y cuando llega a la cima no se detiene a mirar, extasiado, el paisaje, el éxito obtenido, sino que baja y vuelve a subir la misma montaña por otra ladera o busca otra montaña aún más alta y escarpada. Tello es un Sísifo tenaz y deliberado. Quiere respuestas, pero sólo encuentra preguntas.»
Por su parte, Alejandro Gómez-Franco, que analizó tres cuentos de «El mal de Q.» vinculándolos al mito hegeliano del amo y el esclavo: «El amo y el esclavo expresan esa dualidad interna del sujeto que se halla en tensión entre el dominio y la unidad por un lado, y la anarquía y fragmentación que experimenta interiormente por el otro. Pero esta unidad, he aquí el problema, sólo es reconocible en el exterior; el amo está afuera, es exterior.
En “El Mal de Q” [encontramos] la forma moderna del esclavo que es la neurosis obsesiva […]. La belleza de este cuento reside tanto en la forma como en el sentido que esa forma acoge y propicia. Y nos recuerda también la función iniciática de la literatura, todos tenemos un libro que nos abrió los ojos, que despertó en nosotros el deseo de saber y nos enfrentó a la verdad bajo la forma de ficción que le es propia.»

viernes, 28 de mayo de 2010

ANTOLOGÍA DE POETAS ARGENTINOS

La tertulia El laberinto de Ariadna publica con regular periodicidad un excelente pliego de poesía coordinado por el poeta Felipe Sérvulo con poemas de los invitados a sus reuniones mensuales. 

En su número 19, el grupo encargó a Carlos Vitale una selección de poetas argentinos residentes en Cataluña. Vitale, quien se autoexcluyó a pesar de tener todo el derecho de figurar en la lista por ser uno de los mayores poetas argentinos contemporáneos, invitó a todos los que consideró que debían figurar en esta publicación. No todos le respondieron, pero los nombres que aparecen -Laura Frucella, Marta Binetti, Hugo García Saritzu, Ana Becciu, Neus Aguado, Mario Satz, Dante Bertini, Antonio Tello, Osías Stutman y Jonio González- son representativos de una poesía que busca tener su propia voz y enraizarse con sus cadencias personales en un contexto geográfico y social diferente y lejano. Surge de estas voces y de otras, como la del querido ausente accidental Alberto Szpunberg, una poesía de doble sombra, llena de vitalidad y matices prosódicos determinados por el paisaje humano, en la que la nostalgia se agosta y las visiones existenciales nos revelan a los poetas acaso preguntándose como lo hace Vitale en uno de sus versos de Unidad de lugar «¿dónde vive el pecado sino en la distancia?».
Felipe Sérvulo y El laberinto de Ariadna constituyen un grupo humano generoso y abierto consciente de que esa altura de miras con que se acerca a los demás contribuye a establecer la justicia poética en un mundo desquiciado por el mal.

domingo, 9 de mayo de 2010

IDÉNTICO AL SER HUMANO, Kobo Abe


En Idéntico al ser humano (Candaya, 2010, trad. directa del japonés por Ryukichi Terao), Kobo Abe trasciende los particularismos de la tradición japonesa sin traicionar su esencialidad cultural y plantea a través de la ficción científica la soledad y la incomunicación que alienan al hombre en las modernas y mastodónticas urbes modernas.

Michel Revon, autor de una Antología de la literatura japonesa (Círculo de Lectores, 1999) finaliza su introducción invitando a que leamos sus páginas porque «los japoneses se muestran tal como son, con su corazón generoso y sensible, su espíritu fino y jovial, su carácter amigo de la naturaleza, de la elegancia social, de la erudición, de las artes, de todo aquello que puede fascinar a una raza muy civilizada, y se verá sin duda que, aunque difieren de nosotros en mil detalles secundarios, son representantes, sin embargo, del mismo género humano». Resulta irónicamente llamativo que Revon diga de los japoneses que son diferentes a «nosotros», supongo que se refiere a los blancos occidentales, y «representantes, sin embargo, del género humano». La tesitura de Kobo Abe, uno de los grandes maestros de la literatura japonesa del siglo XX, en Idéntico al ser humano parece una respuesta anticipada a las palabras de Michel Revon.
Tsurayuki, uno de los poetas integrantes de los Rokkasenn o «grupo de los seis genios» (Siglo IX), escribió: ¡No!, no reconcemos / ni siquiera al amigo; / sin embargo, en mi aldea natal, / las flores de otros tiempos / aún exhalan su perfume. La lectura de la novela Idéntico al ser humano de Kobo Abe supone entrar en el vértigo argumental que conduce hacia una duda laberíntica sobre la naturaleza del ser y su identidad original cuya única respuesta parece ser la locura. Todo comienza con el inminente descenso de un cohete terrestre sobre Marte que amenaza con poner fin a un programa radiofónico - «Hola marciano»- . Ese mismo día, un hombre que dice ser marciano se presenta ante el atribulado creador del programa y mediante una argumentación tan delirante como racional le abre la puerta a la duda. ¿Se trata de un terrestre loco con síndrome de marciano o de un marciano cuerdo que se hace pasar por terrestre? ¿Cómo saberlo si los marcianos, según argumenta, son idénticos al ser humano? El desenlace que propone Kobo Abe, en su línea de humor e ironía, es lógico y delirante.
El escritor japonés, que quizás se sintió como un marciano durante el tiempo que vivió en Mongolia, afronta así la brutal realidad de la incomunicación y la locura. Tema este último frecuente en la literatura japonesa y que condujo al suicidio a Ryunosuke Akutagawa, uno de sus maestros e introductores junto a Junichiro Tanizaki y otros de la literatura occidental en la represora era Taisho, que comenzó en 1912. Como para sus maestros, para Kobo Abe la palabra representa las cosas y los hechos desde distintos ángulos, facetas y contradicciones y permite multiplicidad de lecturas e interpretaciones.  Sobre este principio, la lectura de Idéntico al ser humano nos transporta a velocidad de vértigo por una inquietante cinta de Moebius.
Sobre esta edición, cabe destacar la iniciativa de la editorial Candaya no sólo de abrir una puerta a la moderna narrativa japonesa, sino de introducirla traduciéndola directamente de su idioma original. Para este cometido ha contado con la valiosa colaboración de Ryukichi Terao, quien durante años residió en América Latina familiarizándose con la lengua castellana y que ahora ha traducido con gran sensibilidad esta obra de Kobo Abe, como antes tradujo otras de Ryunosurke Akutagawa y Junichiro Tanizaki.

jueves, 6 de mayo de 2010

LA ÚLTIMA ESTACIÓN DE TOLSTOI Y LOS DERECHOS DE AUTOR

Las novelas Guerra y paz y Anna Karénina, obras maestras del realismo novocentista, encumbraron a Lev Tolstói en los puestos más altos de la literatura universal.
Aunque perteneciente a la aristocracia rusa, su sensibilidad individual y social lo indujeron a acabar renunciando a los privilegios de clase y a sustentar ideas que generaron un movimiento seudomístico anarquista no violento que tuvo gran influencia en personajes como Mohandas Gandhi y Piotr Kropotkin. Coherente con su pensamiento, en los últimos años de su vida renunció a sus propiedades y a los derechos de autor sobre sus obras. Su esposa, la condesa Sofía Andreevna Bers, libró una encarnizada lucha hasta el final por preservar lo que consideraba un legado legítimo para sus hijos. 
Sobre esta cuestión trata la película La última estación, de Michael Hoffman, con Christopher Plummer, Paul Giamatti y Helen Mirrey. Tolstói, que se había convertido en vegetariano y célibe y se oponía al progreso tecnológico, acabó huyendo de su mansión cuando tenía ochenta y dos años. Murió en la estación de Astápovo, actualmente Lev Tolstói, el 20 de noviembre de 1910.

martes, 20 de abril de 2010

ARCHIPIÉLAGO, La Karkoma

Con el insular título de Archipiélago (Ediciones Oblicuas, 2010), el colectivo La Karkoma -Rosana Román, Natàlia Linares, María Guilera, Vincenç del Hoyo, Lola Encinas, Marc Ballester, Mónica Sabbatiello y Vicente Aparicio- publica su segundo volumen de cuentos. 
En su conjunto los relatos de este libro revelan la voluntad de sus autores, desde distintas posiciones narrativas, de superar los obstáculos que les antepone el lenguaje para alcanzar los miradores desde los cuales pueden describir aspectos ocultos de la realidad evidente. La soledad, la incomunicación y la alienación son elementos que perfilan el carácter de personajes que asoman sus cabezas por encima de la superficie de una sociedad dominada por la alienación y el absurdo. A veces el horizonte es sólo una lengua de tierra en medio de un río, una isla minúscula o el cuerpo de una persona que se desdobla para no sucumbir a su propia vida rutinaria; otras veces ese horizonte es la misma noche donde la muerte acecha con la puntualidad de una oficinista burócrata o un simple cuchillo jamonero que espera desde la inercia cumplir con la misión del acero. La imaginación, la fantasía y la consideración del lenguaje que se observan en estos cuentos indican que sus autores no escriben desde la frustración, como indica su prólogo, sino desde la escritura y ésta es siempre lleva implícita la esperanza y la voluntad de ir más allá de lo evidente.