sábado 5 de diciembre de 2009

MENDEL EL DE LOS LIBROS, Stefan Zweig

Mendel el de los libros, de Stefan Zweig (Acantilado, 2009, trad. de Berta Vias Mahou) es un bello relato que trata sobre la ceguera y arbitrariedad del poder. Sin alcanzar la entidad de otros relatos cortos, como Los ojos del hermano eterno, también publicado por la misma editorial, Zweig urde una sencilla historia con una gran carga poética que permite que el lector interiorice con un sentimiento de repugnancia la violencia y la estupidez de un sistema autoritario. Es así como la entrañable figura de Mendel, una especie de catálogo bibliográfico viviente, se convierte en metáfora de carne que sufre la brutalidad de una sociedad cuyas instituciones y hábitos ya aparecen contaminados por las cepas del nazismo. Jakob Mendel es arrestado por un equívoco que nace de la ignorancia y enviado a un campo de concentración por el temor que engendra en todo poder autoritario su naturaleza ilegítima. Zweig, quien impulsó con Thomas Mann y Herman Hesse el bildungsroman o novela iniciática, asienta sobre la forma estética el peso de un discurso que trasciende la vulgaridad de la realidad cotidiana para proyectarlo en un registro superior. Un estadio donde es posible reconocer el verdadero valor de las cosas. De aquí que el narrador, al final del libro diga: «Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana había sido fiel a la memoria del difunto. Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él...».

domingo 22 de noviembre de 2009

EL MAL DE Q., Antonio Tello


Víctor Escudero, en el prólogo de El mal de Q., Cuentos reunidos 1968-2009, (Candaya, 2009), de Antonio Tello, dice del libro y del autor lo siguiente:
«Los relatos que Antonio Tello recoge en el presente volumen participan de una búsqueda que supera los límites de la palabra narrativa con la que son enunciados, y se encaminan hacia el horizonte de lo expresable. Una búsqueda que se transfigura en exploración de aquello que el ser humano alcanza a decir de sí mismo y del núcleo esencial de su existencia, despojado de todos los aderezos y afeites adjetivales, abandonado a lo sustantivo. El individuo frente a su propia expresión, ese es el compromiso -de ascendencia épica- que destila la escritura de Tello y el centro alrededor del cual giran las variaciones que pueden rastrearse en sus relatos a través de la ordenación cronológica propuesta en esta edición [...].
Cada individuo (para Tello) debe cumplir con un destino que le otorga coherencia al camino recorrido, pero esto no le permite sustraerse al conflicto que supone ignorar desde dónde interpretar su presente. Los relatos de Tello buscan modos de ritualizar la realidad a través de la recuperar de una palabra fundadora, y los personajes tratar de encajarse en una parcela temporal que los trasciende a la vez que los confirma. Sin embargo, los momentos en que se atisba un sentido son siempre críticos, agónicos y pasajes; llevan en sí mismos la simiente de su propia repetición a la par que arrastran una apertura que impide una lectura definitiva. Ese doble camino, esa doble legitimidad, colisiona en un conflicto irresolutble que expone en la palabra el sentir trágico del individuo. [...] La tragedia de Q. entonces, habrá consistido en asistir a un momento epifánico que provocará la descomposición de su identidad.»

domingo 15 de noviembre de 2009

CUENTOS, Edgar Allan Poe

Cada nueva lectura de los relatos de Edgar Allan Poe supone para el lector una experiencia inédita e intensa. La edición de bolsillo en dos volúmenes de Alianza Editorial, traducidos por otro maestro del cuento como Julio Cortázar, es una gran oportunidad para entrar en un territorio donde el misterio se siente como parte tan natural como desconocida del individuo y del mundo que habita. Poe, cuya dramática existencia lo llevó a perecer víctima de su dipsomanía, encontró en Baudelaire su alma gemela y su gran propagandista en Europa, desde donde se proyectó a todo el orbe occidental para sentar su magisterio. Muchos lo reconocen como el creador del cuento moderno e incluso como el iniciador del cuento policíaco. Pero no reside allí su importancia literaria sino en la concepción de su obra sobre fundamentos poéticos y en su capacidad para reflexionar sobre el acto de escribir, como lo testimonian su famosa su célebre Filosofía de la composición, incluida en Escritos sobre poesía y poética (Hiperión, 2009, trad. María Condor). Su cultura literaria y su sensibilidad para adentrarse en los senderos del alma humana son en él los motores de una escritura que responde en cada cuento a un propósito que trasciende el significado de las palabras y deja en el lector el latido sutil del significante, como exageradamente se lee y se siente en ese cuento maestro que es El corazón delator.

domingo 1 de noviembre de 2009

M@RES ONLINE, Pura Salceda

Con el precedente de dos excelentes poemarios - Versos de perra negra y A ollada de Astarté-, la poeta hispanomexicana Pura Salceda desnuda en M@res online (Sial/Fugger Poesía, 2008) el nexo afectivo, tan intenso como nítido, que sustenta y justifica la naturaleza de su identidad. Con un verso limpio y tenso, Salceda convierte la palabra en esa nave que surca las vastedades oceánicas arrebatadas por el espíritu y la carne, el sentimiento y el deseo, los elementos que constituyen la pasión amorosa, esa «llama doble», como la llamó Octavio Paz. Sigo caliente y tuya / y un reloj teclea un latido, / entrecortado aliento que gime, / que se rebela en el aire / y se aferra a las paredes / de este cuerpo mío que te contiene [...] enuncia Pura Salceda convirtiendo el deseo en memoria y el tiempo en cuerpo caliente que gime, en ese «minutero húmedo» que se acelera y desplaza / al ritmo de una sábana, / que se encierra en la palma de mi mano, / puño en alto que proclama tu reino, / tacto inmaculado / de este segundo nuevo que estrenamos.

martes 29 de septiembre de 2009

¿PARA QUÉ SIRVE LA LITERATURA?, Antoine Compagnon

En una época dominada por el imperio del mercado y la cosificación de la cultura preguntarse ¿Para qué sirve la literatura?, de Antoine Compagnon (El Acantilado, 2008, trad. Manuel Arranz) puede parecer baladí. Sin embargo, Compagnon se hace la pregunta y la responde con seriedad en esta lección inaugural de la cátedra de Literatura Francesa Moderna y Contemporánea del Collège de France, que leyó en 2006.
En correspondencia a la sartreana interrogación «¿qué es la literatura?», este profesor bucea en la tradición y siguiendo su proyección trata de situarla y valorarla en la sociedad y la cultura contemporáneas. Para Compagnon la existencia y el futuro de la literatura no están comprometidos a pesar de que las fuerzas del poder pretendan reducir su función a la mera evasión.
Este profesor sigue creyendo, como Sartre, que la literatura tiene el poder de romper las fuerzas opresoras que imperan en toda sociedad alienada. «La literatura es una fuerza de oposición: tiene el poder de combatir la sumisión al poder», afirma. De aquí que confíe en que la literatura pueda restaurar «la armonía del universo, ya que su propia unidad está garantizada por la integridad de su forma, por antonomasia la del poema lírico», que se manifiesta a través de la lectura y la imaginación. Para él es aquí donde la conciencia del individuo «encuentra una armonía plenamente vivida con el mundo».
No se trata de que la literatura sea utilizada para guiar al pueblo, sino de que a través del lenguaje literario (poético) exponga lo que él llama «inadecuación del lenguaje», es decir, la corrupción del lenguaje que propicia el poder, para desvelar la verdad latente: presente en potencia, agazapada fuera de la conciencia, inmanente, singular, y hasta ese momento inexpresable».
En este sentido, Compagnon responde que la literatura en la sociedad contemporánea sirve para expresar «el malestar de la cultura», del que hablaba Freud, y la civilización y a la vez ser su remedio dotando al «hombre moderno de una visión que trasciende las limitaciones de la vida cotidiana».

miércoles 16 de septiembre de 2009

¡ABSALÓN, ABSALÓN!, William Faulkner

La relectura al cabo de muchos años de ¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner (La otra orilla, 2008, trad. y posfacio de Miguel Martínez-Lage) supone reexplorar el universo faulkneriano y sentir en plenitud la densidad y la riqueza de su literatura. Es virtud de la escritura de W.F. , a la que en este caso habría que añadir los ajustes de la nueva traducción, arrastrar al lector hacia ese territorio donde las contradicciones morales de los personajes quedan expuestas hasta el desgarro.
Una y otra vez los hechos son repasados a través de un relato que avanza, retrocede y vuelve a avanzar descubriéndonos en cada ocasión aspectos que los explican y dan sentido hasta que el lector entra en el mismo corazón del drama. O quizás debiera decir de la tragedia, porque lo que prevalece en la obra de Faulkner, y en particular en Absalón, no son tanto los hechos como la fuerza atávica que arrastra a los personajes hacia un destino contra el cual libran una lucha que saben perdida de antemano, pero que la afrontan porque sólo «quienes odian no necesitan de la esperanza» o porque la vida, como W.F. escribió a un amigo, «es una frenética carrera de obstáculos hacia la nada».
Como toda obra maestra, este libro exige al lector un alto compromiso para asumir la densidad de una escritura cuyo propósito es entrar en las interioridades del alma de unos personajes trágicos que se revelan arquetipos morales de una sociedad que, bajo la pátina de la modernidad y el desarrollo tecnológico, sigue en muchos aspectos anclada en la brutalidad.

lunes 7 de septiembre de 2009

UN ENCUENTRO, Milan Kundera

Milan Kundera pertenece al linaje de escritores comprometidos con su oficio -«el arte de la novela», le llama él-, lo cual supone, en su caso, asumir y proyectar la tradición cultural europea en todas sus manifestaciones. Un encuentro (Tusquets Editores, 2009; trad. Beatriz de Moura) es un ensayo que complementa sus ensayos mayores -El arte de la novela, Los testamentos traicionados, El telón- y como complemento de su visión de la cultura y su concepción del arte de novelar hay que leerlo. Aunque la nota destacada en portada de Alain Finkielkraut diga que es «un ensayo deslumbrante, escrito con la misma aleación de emoción y reflexión que las grandes novelas de Kundera», lo cierto es que carece de la energía y originalidad de los otros. Pero aun así, hay momentos brillantes y frases precisas que dan a algunos de los siete ensayos un notable realce. Pienso en este sentido en los textos dedicados a Francis Bacon, Janacek, Curzio Malaparte y Anatole France en los que el lector aprecia su inteligencia artística y también su posición ética ante la historia. Allí están las listas negras como perversos ejemplos de la intolerancia intelectual o política o simplemente de la estupidez social alimentada por el sistema, cualquiera sea su orden ideológico.

martes 1 de septiembre de 2009

KAZBEK, LEONARDO VALENCIA

Registrar la totalidad del mundo, de los mundos, es acaso la aspiración mayor del artista. En pos de este propósito, los escritores realistas del siglo XIX hicieron un portentoso esfuerzo y sentaron las bases de la gran novela burguesa, cuyos principios canónicos la industria editorial aún se empeña en mantener vivos a sabiendas de que hace mucho tiempo que han caducado. Leonardo Valencia, escritor ecuatoriano contradice con talento dichos principios y a través de Kazbek (Eterna Cadencia, 2009) propone un libro de «pequeño formato» fundamentado en diez puntos, el último de los cuales no debe ser escrito, para hacer «del lector un viajero en busca de la luz».
Para Kazbek, Dacal es el protagonista de la gran novela que retratará toda la realidad, pero Dacal se le escurre como se escurre la vida demostrándole la imposibilidad de su ambición. Sin embargo, los dibujos que ese exiliado de los sueños que es el señor Peer lo enfrentan ante el misterio. Los extraños bichos surgidos de los volcanes ecuatorianos constituyen una fauna original capaz de revelarle a él, a Kazbek, náufrago de la realidad con nombre de volcán caucasiano extinguido, la naturaleza enigmática de la creación, que al trascender a una obra artística no atiende a propósitos didácticos ni a los gustos de las masas.
Kazbek, también publicado en España por Editorial Funambulista, es una propuesta original, imaginativa, de Leonardo Valencia, un narrador que recoge la herencia poética que alienta a gran parte de la literatura, para expresar la emotiva tensión del artista coherente ante lo inabarcable.

miércoles 8 de julio de 2009

LIBRO DEL RETORNO, Carmen Borja

Hay poetas que, desde el primer verso nos sitúan en los más alto de la torre. De esa torre que es un instante epifánico que preludia su abolición, como diría el príncipe aquitano de Gerard de Nerval. Carmen Borja se halla entre estos poetas singulares por su radical sensibilidad y, sobre todo, por su honestidad. Libro del retorno (Lumen, 2007) nos enfrenta al gozo y a los límites de la vida a partir de ese primer verso, siempre volvemos a la casa del padre, que luego se repite como una letanía, como una desesperada oración/constatación, al final de cada poema. Poemas que parecen concebidos como las cuentas de ese «collar de la paloma» que Ibn Hazn de Córdoba imaginó como signo del amor y que, según Borja, no es hijo de un instante si no del portentoso impulso que lleva al ser camino de regreso a casa.
Ese eterno retorno pitagórico por el que siempre volvemos a la casa del padre es asimismo camino de conocimiento, de descubrimiento de las cosas del mundo y del espíritu por el que constatamos que hay belleza en comprender la destrucción / y no temer la muerte y que el fracaso y la esperanza son opuestos simultáneos, dado que aprender es entender. De aquí, viene a decirnos Carmen Borja, que la vivencia del poema es la vivencia del mundo, ese territorio donde hasta el llanto por lo perdido también puede convertirse en gratitud por lo vivido y desde donde el inevitable retorno encuentra su sentido.

jueves 18 de junio de 2009

ÁNFORAS, Goya Gutiérrez

No hay palacio cabaña o rascacielos / donde albergar la huida / Regresamos o huimos hacia dentro escribe Goya Gutiérrez (Ánforas, Devenir, 2009). El concepto, el trazo y la expresión de estos versos definen una poética sustentada en una celebración de la vida entendida ésta como un don fugaz. Una suerte de atributo del que no es ajena la muerte, esa «novia anoréxica» ante la cual el lamento es una aceptación de la derrota. G.G. sostiene su poesía, cuya sustancia es la belleza, en este principio y en la radical sensibilidad que suele dar la experiencia del dolor, cuando se considera ésta -la experiencia del dolor- un abuso de poder de la naturaleza al que sólo cabe responder con la rebeldía del ser, del querer ser. La certeza más cierta / es una novia anoréxica / de vestido de cola cubriendo su esqueleto // La verdad en cambio brota cuando esa mano / puede arrancar de la nubes / la belleza / Aunque a veces se muestre / como un ángel hiriéndolas / teñidas de un rojo helio-exiliado, escribe G.G. reivindicando la nobleza del espíritu que alienta la poesía que, en este caso, también es decir la vida.
Pero si bien este es el eje central de Ánforas, la economía y la precisión léxica y sintáctica que articulan sus versos abren un rico campo semántico que el lector percibe como un sustrato, como un pálpito, podríamos decir misterioso, de múltiples connotaciones significativas y emocionales que obran como un valor añadido propio de todo aquello que surge de la sinceridad del poeta.